Razones Para Creer

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Mi búsqueda de la verdad

por Hugh Ross

Nací en Montreal y crecí en Vancouver, Canadá. Mis padres eran moralmente rectos, pero no religiosos. Nuestros vecinos también podrían describirse como no religiosos. No conocí a ningún cristiano o seguidor serio de ninguna otra religión mientras iba creciendo.

Si bien mi barrio era pobre, sus escuelas públicas eran sobresalientes y sus bibliotecas estaban bien equipadas. A los siete años estaba leyendo libros de física tan rápidamente como los podía sacar de la biblioteca. Para cuando tenía ocho años había decidido que la astronomía sería mi carrera. Durante los siguientes años mis estudios del big bang me convencieron de que el universo tenía un comienzo y, por lo tanto, Alguien que lo comenzó. Pero, al igual que los astrónomos cuyos libros había leído, me imaginaba que ese Alguien debía ser distante y no comunicativo.

Mis estudios de historia de la escuela secundaria me perturbaron, porque era obvio que la gente del mundo tendía a tomarse sus religiones muy en serio. Sabiendo que todos los filósofos europeos del Iluminismo descartaron en gran parte la religión, mi respuesta inicial fue estudiar sus obras. Lo que descubrí, sin embargo, fueron inconsistencias, contradicciones,  evasivas y razonamiento circular.

El paso siguiente obvio fue acudir a los libros “sagrados” mismos. Si Dios el Creador había hablado a través de alguno de estos libros (y yo pensaba que Él probablemente no lo había hecho) su autoría sería obvia: la comunicación sería perfectamente verídica.  Mi razonamiento era que si los hombres inventan una religión, sus enseñanzas reflejarán el error humano. Pero, si el Creador se comunica, su mensaje estaría libre de error y sería tan consistente como los hechos de la naturaleza. Así que utilicé los hechos de la historia y de la ciencia para poner a prueba cada uno de los libros “sagrados”.

Al principio mi tarea fue fácil. Luego de sólo unas pocas horas (en algunos casos, menos) de lectura, pude encontrar una o más declaraciones que estaban claramente en oposición a los hechos de la historia y de la ciencia. También noté un estilo de escritura que podía describirse mejor como esotérico y misterioso; no parecía consistente con el carácter del Creador que sugerían los hechos de la naturaleza. Mi tarea fue fácil hasta que desempolvé la Biblia que los Gedeones me habían dado varios años atrás como parte de su programa de distribución en las escuelas públicas.

Encontré que la Biblia era un libro notablemente diferente. Era simple, directo y específico. Me asombró la cantidad de material histórico y científico (es decir, comprobable) que incluía y el nivel de detalle de este material. La primera página de la Biblia atrajo mi atención. El autor no sólo describía correctamente los principales eventos en la creación de la vida sobre la Tierra, sino que colocaba esos eventos en el orden científicamente correcto e identificaba adecuadamente las condiciones iniciales de la Tierra.

Durante el siguiente año y medio pasé alrededor de una hora por día buscando en la Biblia errores científicos o históricos. Finalmente tuve que admitir que estaba libre de errores y que su exactitud perfecta sólo podía venir del Creador mismo. También reconocí que la Biblia era única en su descripción de Dios y de su trato para con el hombre desde una perspectiva que exigía más que sólo las dimensiones que nosotros, los humanos, experimentamos (largo, ancho, alto y tiempo). Más aún, me había probado a mí mismo, basándome en las predicciones de la historia y de la ciencia, que la Biblia era más confiable que muchas leyes de la física. Mi única opción racional era confiar en la autoridad de la Biblia en el mismo grado en que confiaba en las leyes de la física.

A esta altura entendía claramente que Jesucristo era el Creador del universo, que Él había pagado el precio que sólo una persona sin pecado podía pagar por todas mis ofensas contra Dios, y que la vida eterna sería mía si yo recibía su perdón y le daba su legítimo lugar y autoridad en mi vida. Había entendido suficiente de las Escrituras como para saber, sin embargo, que este compromiso no podía ser secreto. Tenía que ser público, y eso significaba hacérselo conocer a mis pares, a mis profesores y a mi familia. Temía el desprecio y el ridículo que seguramente traerían aparejados. Así que, durante varios meses, vacilé.

Durante esos meses experimenté una extraña sensación de confusión. Por primera vez en mi vida, mis notas bajaron, y tenía dificultades para solucionar problemas. Estaba descubriendo el significado de Romanos 1:21, que dice que cuando un hombre rechaza lo que sabe y entiende que es verdadero acerca de Dios, su pensamiento se vuelve vano y su mente, oscurecida. Las consecuencias posibles que se detallan en los versículos siguientes me dejaron helado.

Sabía lo que tenía que hacer, pero mi orgullo parecía demasiado grande. Una tarde oré, pidiéndole a Dios que quitara mi resistencia y me hiciera un cristiano. Oré de esta forma por seis horas sin ninguna respuesta aparente. Finalmente, me di cuenta de que Jesús no se va a imponer por la fuerza sobre nadie, aun cuando se lo pidan. Dependía de mí humillarme e invitarlo a que Él entrara. Y esto fue lo que hice a la 1:06 de la mañana. Luego firmé mi nombre en la “declaración de decisión” detrás de mi Biblia de los Gedeones, reconociéndolo a Jesucristo como mi Señor y Salvador.

Inmediatamente sentí la seguridad de que Dios nunca me dejaría, que era suyo para siempre. Mis temores al ridículo de parte de los no creyentes fueron disminuyendo gradualmente, y día a día comencé a aprender cómo compartir mis descubrimientos de la verdad espiritual con mis compañeros de estudio y de la facultad. Sin embargo, sin los beneficios de la comunión con otros cristianos encontré que mi crecimiento hacia ser como Cristo estaba trabado.

De vez en cuanto visitaba alguna iglesia, sólo para descubrir que era un grupo o secta que se llamaba cristiano pero que no tomaba a la Biblia en serio. Al llegar a Caltech para mis estudios de post-doctorado, conocí  por fin a un cristiano serio, Dave Rogstad. Dave me invitó a asistir con él a un seminario sobre cómo aplicar los principios bíblicos a la vida diaria. Ahí me senté junto a 16.000 cristianos comprometidos, todos en un solo edificio. Me sentí anonadado al saber que existían tantos cristianos, y fui ayudado y humillado por las cosas que me enseñaron.

Unas semanas después de ese seminario, me encontré no sólo concurriendo a estudios bíblicos caseros sino ayudando a conducirlos. Dave me desafió a comenzar a compartir mi fe con gente que no era cristiana y que no eran científicos. Me sorprendió observar que, a diferencia de los científicos que tienden a luchar más con su voluntad que con su mente al acercarse a Cristo, los no científicos con los que me encontré tendían a luchar más con su mente. Si sólo pudieran conocer la evidencia convincente de que Dios existe, que Jesús es Dios y que la Biblia es verídica, entregarían voluntariamente sus vidas a Cristo. ¡Qué gozo!

Comencé a pasar más y más tiempo compartiendo esta evidencia con otros. Al año, estaba sirviendo con dedicación exclusiva como ministro de evangelismo en Sierra Madre Congregational Church. Diez años más tarde, cuando los descubrimientos de avanzada en las ciencias prácticamente sellaron el caso a favor del Dios de la Biblia, un grupo de amigos me alentó a formar una organización, Reasons to Believe (Razones para Creer), con el propósito de comunicar esta nueva evidencia de la forma más amplia posible. Es un placer para mí informar que cada año que he conocido a Jesús como mi Señor y Salvador, mi gozo en Él y en compartir su verdad con otros se hace mayor. No hay nada en este mundo por lo cual cambiaría mi relación con Él.

 

Traducción: Alejandro Field ― Original: My Search for Truth


Confrontación de predicciones sobre el origen de la vida: evolución vs. creación bíblica

Dr. Fazale Rana

Al abordar los desafíos que los escenarios naturalistas del origen de la vida presentan a su fe, los cristianos suelen señalar los muchos problemas que enfrentan los investigadores del origen de la vida. Pero la simple indicación de los problemas de los modelos evolucionistas del origen de la vida ha alienado a los científicos seculares y ha terminado por alejar a muchos científicos de Cristo. Se requiere un nuevo enfoque, que tome en cuenta las legítimas inquietudes planteadas por científicos seculares. Los cristianos deben no solo presentar un caso positivo a favor el origen sobrenatural de la vida sino también deben plantear su caso de una forma científicamente comprobable, si quieren que sus ideas sean tomadas en serio por la comunidad científica.

Es posible desarrollar un escenario del origen de la vida basado en la Biblia y comprobable científicamente, y puede ser usado como una contribución característicamente cristiana a la cuestión del origen de la vida. La creación puede ser puesta a prueba. La creación puede ser ciencia. Existe una notable armonía entre el modelo del origen de la vida bíblico y los resultados más recientes de la comunidad que investiga el origen de la vida. Y se puede encontrar poca o ninguna concordancia entre el escenario naturalista del origen de la vida y los datos científicos.

La importancia de la cuestión

La abiogénesis –el surgimiento de la vida a partir de sistemas fisicoquímicos no vivos– es el núcleo del paradigma evolucionista. La vida tiene que tener su comienzo en procesos físicos y químicos para que los evolucionistas expliquen legítimamente la diversidad de la vida a lo largo de la historia de la tierra desde un punto de vista estrictamente materialista. Si la abiogénesis carece de credibilidad científica, se viene abajo el fundamento de la teoría evolucionista. Además, si puede demostrarse que la vida tiene un origen sobrenatural, entonces se abre la puerta para considerar todos los fenómenos de la biología desde la perspectiva del diseño inteligente.

A pesar de la importancia de la abiogénesis en el paradigma evolucionista, los investigadores del origen de la vida no han logrado producir ningún progreso tangible hacia una explicación estrictamente materialista del comienzo de la vida. El programa de investigación del origen de la vida comenzó como un esfuerzo científico a principios de la década de 1950, cuando Stanley Miller produjo aminoácidos en sus ahora legendarios experimentos de descargas de chispas.1, 2 Aturdidos por el logro de Miller, muchos científicos predijeron respuestas a la cuestión del origen de la vida en las siguientes décadas.3 Sin embargo, los investigadores del origen de la vida no están más cerca de entender el origen de la vida hoy que lo que estaban 50 años atrás, cuando Stanley Miller realizó sus primeros experimentos. El exitoso autor Paul Davies (un agnóstico) lo deja en claro en su libro, The Fifth Miracle:          

“Cuando me propuse escribir este libro, estaba convencido de que la ciencia estaba próxima a poner punto final al misterio del origen de la vida . . . Luego de haber pasado uno o dos años investigando el campo, ahora soy de la opinión de que todavía hay una enorme brecha en nuestra comprensión . . . Esta brecha de comprensión no es simplemente ignorancia sobre ciertos detalles técnicos, sino una importante laguna conceptual”.4

Davies continúa explicando por qué persiste tal inconsistencia entre la percepción pública y la realidad con relación a la cuestión del origen de la vida:

“Muchos investigadores se sienten incómodos si tienen que decir en público que el origen de la vida es un misterio, aun cuando a puertas cerradas admiten libremente que están perplejos. Parece haber dos razones para esta aprensión. Primero, sienten que abre la puerta a los fundamentalistas religiosos y sus pseudo explicaciones de “el dios de los huecos”. Segundo, están preocupados porque una admisión sincera de ignorancia afectaría su financiamiento. . .”5

La frustración “detrás de bambalinas” de la comunidad que investiga el origen de la vida fue claramente evidente en ISSOL ’99.6 La 9ª reunión de la Sociedad Internacional para el Estudio del Origen de la Vida (International Society for the Study of the Origin of Life) coincidió con las 12ª Conferencia Internacional sobre el Origen de la Vida en la Universidad de California en San Diego, en julio de 1999. La reunión científica conjunta, que se realiza cada tres años, atrae a los más destacados investigadores del origen de la vida de todo el mundo, y sirve como una plataforma para compartir sus últimos descubrimientos. El estado de ánimo allí era sombrío.

El caso a favor del origen sobrenatural

Al defender la fe cristiana ante la línea dura del naturalismo, señalar los problemas reconocidos de los escenarios naturalistas del origen de la vida puede ser importante, pero no es suficiente. Los cristianos deben primero plantear un caso positivo a favor del origen sobrenatural de la vida. Segundo, el caso a favor del comienzo sobrenatural de la vida debe concordar con toda la Biblia, y no solo con uno o dos pasajes. Y, finalmente, para que los científicos tomen en serio el caso a favor del origen sobrenatural de la vida, ese caso debe ser comprobable. El paleontólogo Niles Eldredge plantea estos puntos enérgicamente en su libro The Triumph of Evolution and The Failure of Creationism. (En esta obra, Eldredge no logra demostrar el triunfo de la evolución, y solo demuestra el fracaso del creacionismo de la tierra joven.7) Hablando de los creacionistas de la tierra joven, Eldredge dice:

“Los científicos de la creación no han logrado producir ni una sola afirmación intelectualmente convincente o científicamente comprobable acerca del mundo natural. . . La ciencia de la creación tiene muy pocas ideas propias, ideas positivas con vida propia, independientes de, y en contraposición con, opiniones contrarias a la ciencia normal.8

Así que finalmente hay tan poca sustancia en el tratamiento de los creacionistas científicos del origen y la diversificación de la vida como en su tratamiento del tiempo cosmológico. No plantean ninguna hipótesis nueva y comprobable, y no hacen ninguna predicción u observación digna de ser así llamada. Dedican un enorme volumen de sus pesados esfuerzos a atacar a la ciencia ortodoxa en la creencia errada y completamente falaz de que, al desacreditar la ciencia . . . han, con eso, establecido la verdad de su propia posición”.9

Los estudiosos de Reasons To Believe buscan abordar los puntos importantes y válidos planteados por Niles Eldredge y otros críticos del creacionismo de frente, mediante el desarrollo de un modelo de la creación basado en la Biblia y científicamente comprobable, un modelo que hace predicciones. La creación puede ser comprobada. La creación puede ser ciencia. Un resumen del modelo de la creación de Reasons To Believe apareció en un número anterior de Facts For Faith (Q2 2000), y será el tema de una conferencia del 28 al 30 de junio de 2001. Hay numerosas pruebas científicas y teológicas que apoyan ese modelo.10

La presentación del relato bíblico del origen en forma de un modelo de la creación comprobable brinda un nuevo, poderoso y emocionante enfoque del evangelismo y la apologética. La presentación de un modelo de la creación comprobable no solo demuestra la veracidad de la Biblia sino que también puede dar lugar al progreso científico. Tanto el modelo naturalista clásico como el modelo de la creación bíblica para el origen de la vida hacen predicciones. Por lo tanto, estas predicciones pueden compararse con algunos de los nuevos e importantes descubrimientos. Como era de esperar, la descripción bíblica del origen de la vida coincide con recientes descubrimientos científicos. En marcado contraste, los datos científicos más recientes contradicen las predicciones hechas por el modelo naturalista del origen de la vida.

El escenario evolucionista del origen de la vida

El escenario materialista clásico11, 12 o estándar para el origen de la vida comienza poco después de la formación de la tierra. La tierra, en su estado primordial, era marcadamente diferente de cómo es hoy. Los investigadores evolucionistas se aprovechan de la falta de certeza acerca de las condiciones primitivas de la tierra para postular que gases reductores –gases ricos en hidrógeno como el amoníaco, el metano y el vapor de agua– constituían la atmósfera de la tierra primitiva. Especulan que no había oxígeno presente. Bajo estas condiciones, descargas de energía, como los relámpagos, que se propagaron por la atmósfera primitiva de la tierra, llevarían a la producción de pequeñas moléculas orgánicas, como el formaldehído y el cianuro de hidrógeno.

De acuerdo con este escenario, estas moléculas prebióticas entonces se acumularían en los océanos de la tierra a lo largo de vastos períodos de tiempo para formar la legendaria sopa primordial o prebiótica. Dentro de la sopa prebiótica –de nuevo, en el transcurso de largos períodos de tiempo– las pequeñas moléculas prebióticas reaccionarían para formar moléculas más complejas, como aminoácidos, azúcares, ácidos grasos, purinas y pirimidinas. Estas moléculas, a su vez, funcionarían como bloques constructivos para las moléculas complejas que, con el tiempo, producirían las biomoléculas que se encuentran en los sistemas vivos hoy.

Esta explicación del origen de la vida exige que las reacciones químicas que tienen lugar en la sopa prebiótica produzcan finalmente moléculas con capacidad para autorreplicarse. Al aumentar su concentración en la sopa prebiótica, las moléculas grandes y complejas deberían aglomerarse para formar protocélulas o prebiontes. Con el tiempo, a través de sucesos químicos y físicos aleatorios, las moléculas autorreplicantes que se encuentran en los agregados químicos transferirían esta capacidad a los prebiontes. Los procesos evolucionistas (por ejemplo, la selección natural) llevarían, con el tiempo, a los prebiontes a volverse autorreplicantes cada vez más eficientes y cada vez más complejos.

Finalmente, estos prebiontes darían como resultado un organismo conocido como el “último ancestro universal común” (LUCA – Last Universal Common Ancestor). LUCA, supuestamente, se parecía a una bacteria moderna. Entonces LUCA daría lugar a los principales dominios de la vida.

La Tabla I indica algunas de las más importantes predicciones que surgen razonablemente del escenario clásico del origen de la vida.

Tabla I

Algunas predicciones hechas por el escenario naturalista (evolucionista) del origen de la vida

  1. Se encontrará evidencia química de la sopa prebiótica en el registro geológico.
  2. Existieron condiciones químicas y físicas plácidas en la tierra primitiva durante largos períodos de tiempo.
  3. Se encontrarán caminos químicos que llevan a la formación de biomoléculas.
  4. Los caminos químicos que producen biomoléculas habrían sido capaces de operar bajo las condiciones de la tierra primitiva.
  5. La vida surgió gradualmente en el transcurso de un largo período de tiempo.
  6. La vida se originó una sola vez.
  7. La vida, en su forma mínima, es simple.

El modelo bíblico del origen de la vida

Génesis 1:2 brinda el punto de partida para la descripción bíblica del comienzo de la vida:

“Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas”.

Este pasaje describe la tierra en su estado primordial.13 Según el texto, el Espíritu de Dios se movía sobre la superficie de las aguas, así que el contexto de este pasaje es la superficie de la tierra. Posicionado sobre la superficie de la tierra, un observador hipotético experimentaría solo oscuridad. También notaría que la superficie de la tierra estaba completamente cubierta de agua. Un observador también vería que la tierra no era apta para la vida. La palabra hebrea que se traduce como “desordenada”, tohu, denota un páramo desolado.14

La descripción de Génesis 1:2 de las condiciones primordiales de la tierra concuerdan asombrosamente con la descripción científica de las condiciones iniciales de la tierra. Los desechos interplanetarios del primitivo sistema solar y la espesa atmósfera primordial de la tierra primitiva impedirían que la luz del sol llegue a su superficie.15 Ciertamente la oscuridad pernearía todo el planeta. Si bien los científicos debaten el mecanismo y los tiempos de la formación de los océanos de la tierra, hay un consenso en el sentido de que no existían continentes cuando se formó la tierra. A principios de su historia, la tierra era realmente un mundo acuático.16 Desde el momento de su formación (aproximadamente 4.550 millones de años atrás) hasta hace 3.500 millones de años, la tierra experimentó numerosas colisiones que la hubieran convertido en un planeta desolado mayormente inadecuado para la vida.17

Génesis 1:2 también describe la creación sobrenatural de la primera vida en la tierra.18 El idioma original hace aún más evidente que el español que el Espíritu de Dios estaba haciendo algo más que simplemente moviéndose sobre la superficie de las aguas. La palabra hebrea que se traduce como “se movía”, rahap, también puede traducirse como “estaba empollando”. En la única otra ocasión en que aparece en la Biblia, rahap describe al Espíritu de Dios “protegiendo” a la errante nación de Israel (Deuteronomio 32:10, 11):

“Le halló en tierra de desierto, y en yermo de horrible soledad; lo trajo alrededor, lo instruyó, lo guardó como a la niña de su ojo. Como el águila que excita su nidada,   revolotea (rahap) sobre sus pollos, extiende sus alas, los toma, los lleva sobre sus plumas”.

Si volcamos este simbolismo a Génesis 1:2, vemos al Espíritu de Dios “empollando” sobre la superficie de la tierra como un águila madre, incubando y protegiendo celosamente a su cría.19 Como nota adicional, la nación de Israel es vista errando en una tierra de desolación. Aquí, tohu se traduce como “horrible soledad”, un vínculo adicional entre Deuteronomio 32:10, 11 y Génesis 1:2.

La Tabla II indica algunas de las predicciones científicas más importantes que surgen de la descripción bíblica del origen de la vida.

Tabla II

Algunas predicciones hechas por el escenario bíblico del origen de la vida

  1. La vida apareció temprano en la historia de la tierra.
  2. La vida apareció bajo condiciones duras.
  3. La vida persistió milagrosamente bajo condiciones duras.
  4. La vida surgió rápidamente.
  5. La vida en su forma mínima es compleja.

Recientes descubrimientos científicos en la investigación del origen de la vida

La comparación de las predicciones hechas por los dos escenarios del origen de la vida con el registro de la naturaleza brinda la mejor forma de evaluar la validez de los dos modelos competidores. Algunos de los descubrimientos de avanzada más recientes en la investigación del origen de la vida abordan específicamente predicciones hechas por ambos modelos.

El tiempo de la aparición de la vida

Los investigadores del origen de la vida han descubierto recientemente evidencia inequívoca de que la vida apareció por primera vez en la historia temprana de la tierra poco tiempo después de la formación de las primeras rocas.20-23 Las rocas más antiguas que se han descubierto hoy en la tierra datan de 3.900 millones de años atrás. Antes de este tiempo, la tierra existía mayormente en un estado semilíquido inadecuado para la vida. Los investigadores han identificado depósitos carbonosos –depósitos formados por compuestos del carbono, como alquitranes de kerogeno, grafito y apatita– en las rocas más antiguas de la tierra, de 3.860 millones de años. La firma química de estos depósitos carbonosos indica que se originaron como subproductos de actividad biológica. Completamente consistente con el descubrimiento de subproductos de la vida de 3.860 millones años atrás es el descubrimiento de bacterias fosilizadas en rocas de 3.500 millones de años de antigüedad.24, 25

Las condiciones al momento de la aparición de la vida

La vida apareció por primera vez y existió inicialmente bajo condiciones inimaginablemente duras. En términos científicos, no tendría que haberse originado, y mucho menos persistido. Desde el tiempo de la formación de la tierra (4.550 millones de años atrás) hasta aproximadamente 3.900 millones de años atrás, el planeta sufrió frecuentes impactos.26, 27 Algunos de los objetos (asteroides, cometas y planetesimales) que impactaron la tierra tenían unos 100 kilómetros de diámetro. Al impactar, estos objetos liberaron tanta energía que no solo el agua sobre la superficie de la tierra se volatilizó sino que las rocas en la superficie y la subsuperficie se derritieron. La fase de impactores gigantes de la historia de la tierra finalizó alrededor de 3.900 millones de años atrás. Sin embargo, en este momento la perturbación gravitacional en el sistema solar hizo que objetos en el cinturón de Kuiper-Edgeworth se precipitaran dentro del sistema solar interior.28 Este suceso, denominado “bombardeo pesado tardío”, significó más de 17.000 colisiones con la tierra que destruyeron cualquier vida que pudiera haber estado presente. Finalmente, entre 3.900 millones de años atrás y 3.500 millones de años atrás, los impactores seguían chocando con la tierra, si bien el tamaño y la frecuencia de los impactos disminuyeron con el tiempo.29 Muchos de estos sucesos todavía habrían vaporizado los océanos de la tierra, provocando una destrucción en masa de la vida. Entre 3.900 y 3.500 millones de años atrás, tiene que haber habido múltiples eventos de origen de la vida con una máxima ventana de tiempo entre eventos de impacto y, por lo tanto, para el origen de la vida, de 10 millones de años.30

¿Sopa o no sopa?

A la fecha, los investigadores del origen de la vida no han logrado recuperar ningún resto geoquímico de moléculas prebióticas –moléculas orgánicas producidas por procesos no biológicos. 31 Todos los depósitos carbonosos recuperados de las rocas más antiguas son, sin excepción, subproductos de actividad biológica. La “ausencia de evidencia” de una sopa prebiótica debe ser considerada como “evidencia de ausencia”.32

Si no existió una sopa prebiótica en la tierra primitiva, las condiciones existentes no soportarían la formación de moléculas prebióticas. Inversamente, si se descubriese que las condiciones de la tierra primitiva no eran conducentes a la formación de moléculas prebióticas, no se encontraría una sopa prebiótica dentro del registro geológico.

Coincide con la falta de evidencia de una sopa prebiótica el reconocimiento creciente de que las condiciones de la tierra primitiva no hubieran soportado la síntesis de moléculas prebióticas. Por ejemplo, una evidencia creciente indica que la atmósfera de la tierra primitiva era neutra, y no reductora, compuesta por N2, CO2 y H2O.33, 34 Aun con la ausencia de O2 (un inhibidor del proceso de formación de moléculas de la vida), las moléculas prebióticas no pueden ser producidas en este tipo de atmósfera.35, 36 Ha surgido fuerte evidencia de que había niveles bajos pero significativos de O2 no sólo en la atmósfera de la tierra primitiva sino también en la hidrosfera de la tierra primitiva.37-39 La presencia de O2 serviría para inhibir la formación de moléculas prebióticas.

La viabilidad de caminos químicos hacia la vida

La sopa prebiótica predicha por el modelo evolucionista clásico no existió en la tierra primitiva. Sin embargo, aun cuando hubiera existido, no podría haber conducido al comienzo de la vida. Los investigadores del origen de la vida han descubierto varias rutas químicas capaces de producir muchas de las moléculas necesarias para construir la vida,40 pero aún falta descubrir los caminos abióticos hacia muchas otras clases de compuestos bioquímicos crucialmente importantes, y tal vez ni siquiera existan.41

Aún más problemático para el escenario naturalista del origen de la vida es el reconocimiento de que las condiciones de la hipotética sopa primordial y de la tierra primitiva hubieran inhibido la mayor parte, si no todas, de las potenciales rutas químicas prebióticas. Muchas de las relaciones prebióticas potenciales sólo pueden tener éxito bajo condiciones restrictivas. En la mayoría de los casos, es improbable que estas condiciones existieran en la tierra primitiva. En algunos casos, las mismas condiciones necesarias para impulsar la formación de compuestos bioquímicos hubieran conducido a su subsiguiente destrucción.42, 43

Hay nueva evidencia que indica que los metales de transición y los elementos de las tierras raras en los océanos de la tierra primitiva hubieran promovido la descomposición de lo que muchos científicos creen que eran compuestos químicos intermedios clave que intervienen en los escenarios evolucionistas del origen de la vida más ampliamente aceptados.44 La hipotética sopa primordial indudablemente hubiera sido una compleja mezcla química compuesta de una gran cantidad de especies químicas. Las mismas rutas químicas que hubieran conducido a la producción de compuestos bioquímicos bajo condiciones de laboratorio hubieran sido inhibidas por otros compuestos de la sopa primordial. Estos compuestos intrusos hubieran puesto fin o hubieran redireccionado pasos clave en los caminos químicos.45, 46 Dada la probabilidad de la interferencia química generalizada en la hipotética sopa primordial, el éxito de los investigadores del origen de la vida en la preparación de compuestos químicos es un éxito falso. Los investigadores del origen de la vida suelen estudiar potenciales caminos prebióticos bajo condiciones irreales, controladas y químicamente prístinas.

¿Simplicidad o complejidad de la primera vida?

Hay nueva evidencia que indica que la vida, en su forma mínima, es químicamente compleja, aun cuando sea morfológicamente simple. Los genomas bacteriales más pequeños capaces de supervivencia independiente incluyen entre 1500 y 1900 productos génicos.47-50 Se cree que estas bacterias son los organismos más antiguos de la tierra y muy probablemente reflejan la complejidad de la primera vida en la tierra y la complejidad mínima de la vida independiente.51 El genoma conocido de menor tamaño, el del Mycoplasma genitalium, está formado por 470 productos génicos.52 Sin embargo, M. genitalium  no es un modelo apropiado para el origen de la vida, ya que depende de la bioquímica del anfitrión para sobrevivir, por lo que no puede existir independientemente. No obstante, M. genitalium es un buen modelo para determinar los requisitos mínimos para la vida. El trabajo teórico y experimental usando M. genitalium indica que la vida requiere al menos entre 250 y 350 productos génicos (luego de eliminar, en teoría, los genes usados para interacciones parasitarias).53-55

El biofísico Hubert Yockey ha calculado la probabilidad de formar un único producto génico (uno que es funcionalmente equivalente a la ubicua proteína citocromo C): 1 en 1075. 56 Dada esta probabilidad, Yockey calculó que si la hipotética sopa primordial contenía unos 1044 aminoácidos, 10.000 trillones de años arrojarían una probabilidad del 95% para la formación aleatoria de un proteína funcional de solo 110 aminoácidos de largo (un único producto génico).57 El universo tiene unos 15.000 millones de años de antigüedad. Esto significa que ha pasado menos de una billonésima parte del tiempo que se requeriría para hacer uno solo de los 250 a 350 productos génicos necesarios para la vida mínima, o uno de los 1.500 productos génicos para la vida independiente.

Lo que complica aún más las probabilidades más que astronómicas que deben vencerse para que surja aun la forma más simple de vida mediante procesos naturales, es la perspectiva cambiante de las bacterias. Ya no más consideradas como células con una estructura aleatoria indefinida, se reconoce ahora que las bacterias tienen una notable organización interna, tanto espacialmente como temporalmente, en el nivel de las proteínas.58, 59 Esta organización interna de las células bacterianas es universal y necesaria para su supervivencia. Esto significa que los investigadores del origen de la vida deben dar cuenta no solo de la aparición simultánea de entre 250 y 350 productos génicos, sino también de su organización dentro de la célula.

La descripción bíblica concuerda con los descubrimientos científicos

Al comparar las predicciones del modelo bíblico del origen de la vida con los descubrimientos más recientes que provienen de la investigación del origen de la vida, surge una notable concordancia. La vida se originó temprano y rápidamente en la historia de la tierra bajo condiciones hostiles. Más aún, la vida, tal como apareció, en su forma mínima, tiene una complejidad enorme.

Ninguna de las predicciones que surgen del modelo naturalista se satisface con los resultados científicos más recientes. Desde una perspectiva naturalista, hay probabilidades más que astronómicas contra el ensamble simultáneo requerido por los componentes moleculares necesarios para que la vida funcione en su forma más mínima. Tal vez lo más devastador es la ausencia de una sopa primordial en la tierra primitiva. Todos los modelos del origen de la vida que apelan exclusivamente a procesos naturales tienen como su requisito principal una sopa primordial. Aun cuando existiera una sopa primordial, sin embargo, los procesos químicos que supuestamente tienen lugar parecen incapaces de producir vida. A la luz de los descubrimientos científicos más recientes, los comentarios de Paul Davies y la silenciosa frustración de los investigadores del origen de la vida parecen comprensibles.

La armonía entre el relato de la Biblia del origen de la vida y el registro de la naturaleza brinda una evidencia poderosa a favor de la validez de la fe cristiana. La falta de concordancia entre el modelo naturalista del origen de la vida y los datos científicos hace que una de las columnas clave de la teoría de la evolución se desmorone. Una vez que se ha establecido un caso razonable y comprobable a favor del origen sobrenatural de la vida, la puerta queda abierta para ver otras áreas del mundo biológico desde un punto de vista sobrenatural también.

Además de demostrar la veracidad de la Biblia, los descubrimientos recientes muestran cómo el relato bíblico de los orígenes puede contribuir a la investigación científica. Al ofrecer el relato bíblico del origen de la vida de una forma que invita a la comprobación científica, los cristianos dejan en claro que el estudio de la creación es ciencia. Un enfoque con un modelo de la creación comprobable del origen del universo, el origen de la vida, las principales categorías de la vida, y el origen y la dispersión de la humanidad permite a los cristianos hacer una contribución única a la cuestión de los orígenes, una que permite explicaciones sobrenaturales. Al ofrecer modelos comprobables capaces de hacer predicciones, los cristianos pueden influir positivamente en la dirección de la investigación científica de una forma que refleja su cosmovisión, y de una forma que puede ser respetada y aceptada por la comunidad científica. La creación es ciencia.

Referencias:

  1. Stanley L. Miller, “A Production of Amino Acids under Possible Primitive Earth Conditions,” Science 117 (1953), 528-29.
  2. Stanley L. Miller, “Production of Some Organic Compounds under Possible Primitive Earth Conditions,” Journal of the American Chemical Society 77 (1955): 2351-61.
  3. John Horgan, The End of Science: Facing the Limits of Knowledge in the Twilight of the Scientific Age (New York: Broadway, 1997), 138-42.
  4. Paul Davies, The Fifth Miracle: The Search for the Origin and Meaning of Life (New York: Simon & Schuster, 1999), 17.
  5. Davies, 17-18.
  6. Fazale R. Rana and Hugh Ross, “Life From the Heavens? Not This Way . . .” Facts for Faith 1 (Q1 2000), 11-15.
  7. Ver reseña de Fazale R. Rana en Facts for Faith 3 (Q3 2000), 60-61. Libro reseñado: Niles Eldredge, “The Triumph of Evolution and the Failure of Creationism,” (New York: W. H. Freeman, 2000), 91.
  8. Eldredge, 91.
  9. Eldredge, 146.
  10. Hugh Ross, “Can Science Test a God-Created-It Origins Model? Yes!” Facts for Faith 2 (Q2 2000), 40-47, 55-58.
  11. El autor reconoce que la comunidad de investigación del origen de la vida está considerando activamente otros escenarios del origen de la vida como alternativas a la que se presenta en este artículo. No obstante, el escenario clásico parece ser todavía el modelo del origen de la vida más ampliamente aceptado entre los investigadores del origen de la vida. Muchas de las características del escenario clásico del origen de la vida aparecen en casi todos los modelos alternativos del origen de la vida.
  12. Richard Cowen, History of Life, 3d ed. (Malden, Mass.: Blackwell Science, 2000), 1-18.
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Traducción: Alejandro Field ― Original: Origin-of-Life Predictions Face Off: Evolution vs. Biblical Creation


Sitios exóticos para la vida: La factibilidad de hábitats remotos

Por Hugh Ross

La gente suele hacer chistes sobre la certeza de la muerte y los impuestos. Los astrónomos pueden agregar otra certeza a esa breve lista: Tarde o temprano, alguien preguntará: “¿Qué piensa acerca de la posibilidad de vida allá afuera?”.

La mayoría de los que preguntan están buscando una respuesta específica. Las novelas de ciencia ficción, la Sociedad Planetaria e incontables películas –desde E.T. a Contacto y El Planeta de los Simios– dan a entender que la vida extraterrestre es un hecho cierto, y ayudan a conjurar imágenes de cómo es esa vida. Contestar preguntas acerca de ese tipo de vida requiere el mismo nivel de diplomacia que cuando mi esposa pregunta: “¿Cómo me veo?”.

La experiencia sugiere una estrategia para manejar ambas preguntas. Primer paso: Hacer una afirmación positiva, como “¡Te ves excelente!” o “¡Qué buena pregunta!”. Segundo paso: Amplificarla. Esta parte es más delicada. Puede mejorar o arruinar la interacción. Si carece de sinceridad o incluye la palabra pero (ej: “Te ves excelente, pero pensé que ibas a usar el vestido azul”), mi esposa podría alejarse sintiéndose dolida o desanimada. Una mejor respuesta es la que agrega alguna opinión especifica (ej: “Te ves excelente, y me gusta especialmente cómo combina ese color con tus ojos”).

En el caso de la pregunta sobre la vida en otros lugares, una amplificación sincera basada en los hechos reconoce que la “gran pregunta” abre la puerta a tres temas fascinantes: la vida en otros planetas, la vida en otros cuerpos celestes, y la vida distinta de “la vida tal como la conocemos”. Una discusión paso a paso de estos temas puede dar lugar a oportunidades para una conversación espiritualmente significativa.

La vida en otros planetas

La tecnología y la investigación interdisciplinaria han permitido a los científicos desarrollar una amplia lista de características que deben caer dentro de rangos limitados para que un planeta (o cualquier otro cuerpo celeste) sea capaz de sustentar vida. Estas características incluyen la estrella, la luna o lunas, los compañeros planetarios y la galaxia del planeta, así como la superficie, el interior y las condiciones atmosféricas del planeta. La lista crece cada año. Comenzó con dos parámetros en 1966,1 pasó a tener ocho en 1970, veintitrés en 1980, treinta en 1990 y cuarenta en 1995.2 Actualmente, la lista incluye más de 120 parámetros, y no muestra ninguna señal de estancamiento.3

Los límites de algunas características, especialmente en los aspectos esenciales para la vida de la estrella de un planeta, han sido determinados precisamente. Los límites de otras, mayormente las del planeta mismo –supuestamente un planeta parecido a la Tierra (rocoso)–, se conocen con menor precisión. Hay dos razones para esta diferencia: Primero, hay billones de estrellas disponibles para su estudio, en tanto que hay solo 76 planetas (9 en el sistema solar y 67 afuera) que se han descubierto al día de hoy. Segundo, las características físicas y químicas hacen que las estrellas, que son básicamente esferas condensadas de gas caliente, sean sistemas más simples que los planetas.

Por supuesto, nadie sabe cuántos planetas existen. Tan recientemente como en 1990, los astrónomos estaban divididos entre los que proponían que hay planetas girando alrededor de cada estrella y los que postulaban que solo el Sol posee planetas. Hay tres avances en la investigación que inclinan el debate hacia el escenario posterior: (1) la disponibilidad de instrumentos y técnicas capaces de detectar planetas que orbitan otras estrellas; (2) el descubrimiento de que la mayoría, si no todas, de las estrellas que están rodeadas por discos de polvo son jóvenes o en formación; y (3) el desarrollo de modelos teóricos sofisticados que explican cómo los discos de polvo se convierten en planetas.

Cada uno de los 67 planetas extrasolares que se han descubierto y estudiado a la fecha orbita una estrella relativamente joven y rica en metales (una estrella rica en elementos más pesados que el hidrógeno y el helio).4-8 Este hallazgo no presenta ninguna sorpresa. Los elementos pesados necesarios para hacer planetas y cualquier tipo de química para la vida no existen en cantidades suficientes hasta que al menos dos generaciones de estrellas se hayan formado, consumido y hayan dispersado sus cenizas, que luego se reciclan para formar más estrellas. Los astrónomos han aprendido que cuanto mayor es el tiempo durante el cual una galaxia mantiene la formación de estrellas, más ricas en metales serán las estrellas que se están formando. En el caso de la galaxia que mejor conocen los astrónomos, la galaxia de la Vía Láctea (la galaxia de la Tierra), solo el 2 por ciento de las estrellas poseen una riqueza en metales adecuada para la formación de planetas.9

De esas estrellas de la Vía Láctea que sabemos que tienen planetas, ninguna se formó tan tempranamente como el Sol. El Sol se benefició de un notable conjunto de circunstancias: se formó junto a dos enormes explosiones de estrellas (supernovas), cada una de las cuales expulsó un conjunto diferente de elementos pesados esenciales para la vida.10-12 Esas explosiones ocurrieron precisamente en el momento y el lugar correctos para que esos elementos pesados fueran incorporados a la nebulosa solar que se estaba condensando. La estrella de la Tierra tal vez sea la única estrella de su edad con una colección de planetas rocosos y gigantes gaseosos a la vez. Este descubrimiento sugiere que la cantidad probable de sitios candidatos para la vida cae por debajo del 2 por ciento.

En cuando a planetas sustentadores de vida en otras galaxias, las probabilidades parecen sombrías. Los astrónomos han encontrado que la Vía Láctea es excepcional por la longevidad de sus procesos de formación de estrellas. En 94 de 100 galaxias, la formación de estrellas se clausuró hace tanto tiempo que residen pocas estrellas ricas en metales, o ninguna; en consecuencia, esto significa pocos planetas, o ninguno. Los resultados de un reciente estudio del Telescopio Espacial Hubble (TEH) confirman esta conclusión. El TEH buscó planetas en un enorme racimo de estrellas viejas, 47 Tucanae, y no encontró ninguno.13

Las observaciones indican que la cantidad de estrellas con planetas –planetas de cualquier tipo o tamaño– llega a solo el 0,1 por ciento de todas las estrellas del cosmos. Ese número es al menos cien veces menor que la estimación que lanzó la búsqueda de señales de vida extraterrestre.14 Por pequeño que pueda ser ese porcentaje, sin embargo, representa muchísimos planetas. Si, por ejemplo, cada estrella de ese grupo de 0,1 por ciento tuviera diez planetas alrededor, la cantidad de planetas llegaría a 100 trillones (es decir, 1020).

Cien trillones, entonces, es el número al cual deben aplicarse los datos sobre varias características esenciales para la vida. Algunas características caen dentro de límites holgados; otros, dentro de límites estrictos. Los límites al período de rotación y el albedo (reflectividad) del planeta eliminan alrededor de 90 por ciento de los candidatos como sitios para la vida. Los parámetros como la masa de la estrella madre y la distancia del planeta de su estrella madre eliminan alrededor del 99,9 por ciento de todos los candidatos relevantes.

Los factores de dependencia entre ciertos parámetros mejoran algo las probabilidades, pero muchos de estos parámetros deben mantenerse dentro de un rango específico durante períodos largos de tiempo. Teniendo en cuenta cuán variables son los entornos, este requisito de longevidad resulta ser sumamente limitante. Los datos demuestran que la probabilidad de encontrar un solo planeta con la capacidad de soportar vida está por debajo de 1 en 10140 (un 1 seguido de 140 ceros).15

Vida en sitios alternativos

La extrema improbabilidad que indica este número ha llevado a algunos científicos a abandonar la premisa de que la vida requiere un hogar parecido a la Tierra. Un satélite (luna) que orbita un planeta gigante que a su vez orbita una estrella parecida al sol de la Tierra a la distancia correcta serviría, dicen, como un sitio para la vida.16-18 La viabilidad de una alternativa de este tipo puede ser probada contra una larga lista de descubrimientos recientes.

Ninguno de los 67 planetas “gigantes gaseosos” que se han encontrado a la fecha fuera del sistema solar orbitan sus estrellas dentro de la zona requerida por la vida. Los gigantes gaseosos, que son varias veces más grandes que la Tierra, se forman bajo condiciones de frío y de baja radiación, lejos de las estrellas. Mediante interacciones gravitatorias con el polvo interplanetario o con otros planetas y estrellas que pasan cerca, la mayoría de los gigantes gaseosos se van desplazando hacia sus estrellas. Este desplazamiento disminuye la probabilidad de que retengan una órbita casi circular y estable que exige la vida.19-24 De los gigantes gaseosos extrasolares conocidos, solo dos orbitan cerca de una zona habitable para la vida, y estos dos siguen un camino orbital tan excéntrico (es decir, alargado) que hace que la vida en sus satélites (lunas), si los tienen, sea imposible.25-28 Queda sin contestar la pregunta de si los planetas gigantes pueden o no retener sus satélites durante la migración.

Un satélite lo suficientemente cercano a su planeta como para evitar enormes fluctuaciones de temperatura estacionales (causadas por variaciones de la distancia a la estrella del planeta, o a la fuente de calor, al orbitar el satélite el planeta) termina acoplado con el planeta por la marea (el mismo lado siempre enfrenta el planeta). Este acoplamiento por la marea provoca una gran cantidad de efectos destructores de la vida.

Por ejemplo, el acoplamiento por la marea hace que el período de rotación del satélite sea igual al del planeta. A menos que ese período sea lo suficientemente corto, las diferencias de temperatura entre el día y la noche se vuelven demasiado extremas para la supervivencia de la vida. Sin embargo, el período de rotación solo puede ser lo bastante corto si el satélite orbita cerca. Pero dentro de este rango suficientemente cercano surge otro conjunto de problemas. Por ejemplo, las fuerzas de la marea generan drásticas inestabilidades climáticas y orbitales (los torques de la marea obligan a este tipo de satélite a alejarse cada vez más de su planeta), además de enormes y frecuentes erupciones volcánicas (como ven los astrónomos en la luna de Júpiter, Io).29 Cualquier posible condición favorable para la vida dura poco, en el mejor de los casos.

Un satélite con una altamente improbable atmósfera sustentadora de la vida muy probablemente lo pierda rápidamente, a menos que ese satélite tuviera, de alguna forma, un fuerte campo magnético (similar al del Sol, Júpiter y la Tierra). En caso contrario, las partículas cargadas aceleradas por la magnetosfera del planeta irían haciendo desaparecer la atmósfera del satélite con cada chisporroteo. El campo magnético que rodea a Ganímedes, el mayor satélite planetario conocido y el único con un magnetismo indiscutido, tiene una intensidad menor que el 1 por ciento del de la Tierra.30-32

Otro riesgo para la vida en un satélite que orbita a un planeta grande es que la gravedad de ese planeta atrae significativamente a asteroides, cometas y otros desechos que pasan cerca. Esta atracción aumenta la probabilidad de bombardeos, y estos bombardeos demuestran ser catastróficos para cualquier vida posible en el satélite.

Un satélite no puede retener una atmósfera adecuada para la vida a menos que su masa exceda el 12 por ciento de la masa de la Tierra.33 Al mismo tiempo, el satélite necesita un mecanismo que compense la luminosidad (o brillo, por lo tanto radiación de luz y calor) creciente de la estrella cercana a medida que envejece la estrella. El único mecanismo conocido es el que se ve en la Tierra, llamado el ciclo del carbonato-silicato. Sin embargo, este ciclo no puede operar sin grandes extensiones de tierra seca (lo cual elimina entornos con hielo y agua, como el satélite de Júpiter, Europa) y sin un alto nivel de actividad tectónica de placas.34, 35

La tectónica de placas, a su vez, requiere cierta masa mínima (0,23 masas de la Tierra), y las exigencias de mantener un ciclo de carbonato-silicato aumentan significativamente ese mínimo. El mejor cálculo a la fecha fija la masa mínima de este satélite hipotético en tres veces la masa de Marte, que es más de doce veces la masa del mayor satélite del sistema solar. Por supuesto, la tectónica de placas también exige mucha agua líquida (lo cual elimina todos los satélites secos) y la introducción en los momentos precisos de las plantas precisamente correctas en las cantidades precisamente correctas a lo largo de la historia del satélite.36-37

Propuestas más radicales

En apoyo de la búsqueda de otros sitios potenciales para la vida, el científico planetario David Stevenson y los investigadores del origen de la vida Jeffrey Bada y Christopher Wills llegan a especular que la vida tal vez no requiera un hogar cerca de una estrella.38-39 Sugieren este escenario: Un planeta podría ser eyectado de un sistema planetario normal antes de perder ninguno de sus gases livianos. De ser así, el planeta podría retener el suficiente calor superficial (de la descomposición radioactiva interior) y una atmósfera exterior de hidrógeno molecular suficientemente pesada (un manta para atrapar el calor) como para sustentar la química y el metabolismo de la vida.

Sin embargo, para ser capaz de sustentar vida dicho sitio hipotético requeriría el superenriquecimiento con elementos radioactivos, y no existe ningún mecanismo o escenario para lograr este enriquecimiento, ninguno que haría la tarea sin destruir simultáneamente la atmósfera exterior de hidrógeno molecular. Si el planeta adquirió de alguna forma este enriquecimiento, todavía tiene un problema: el calor de la descomposición radioactiva declinaría exponencialmente con el tiempo. Así que, si bien dicho planeta podría servir como una breve escala para la vida primitiva, no podría permanecer dentro del rango de temperatura sustentador de vida y otras condiciones el tiempo suficiente como para servir como un hogar concebible para la vida inteligente.

Si la vida reclama un hogar en alguna parte del vasto cosmos, debe ser en un planeta como la Tierra que orbita una estrella como el Sol en una galaxia como la Vía Láctea. Y, como demuestran los estudios en curso, esa posibilidad se reduce, y no crece, a medida que la investigación de cada año aumenta los datos obtenidos. A la vida extraterrestre ciertamente parece faltarle un hogar, a menos que, por supuesto, un Ser trascendente y sobrenatural haya construido ese hogar. Pero esa posibilidad apunta haciala creencia en el Creador bíblico, y no hacia otro lugar.

Formas de vida alternativas

Debe abordarse todavía otra posibilidad, una pregunta que a menudo obstaculiza el progreso hacia una evaluación realista de la posibilidad de vida en otra parte: ¿En qué medida podría la vida extraterrestre diferir de “la vida tal como la conocemos”? En un tiempo, los biólogos especulaban que la vida extraterrestre podría estar basada en una química exótica, en algo que fuera diferente del carbono.

Así que los bioquímicos se pusieron a trabajar en el problema. Su investigación demostró que solo el silicio y el boro, aparte del carbono, podrían servir como base para moléculas adecuadamente complejas –moléculas capaces de sustentar funciones vitales básicas, como la autorreplicación, el metabolismo y el almacenamiento de información. Este hallazgo, sin embargo, presenta algunos problemas significativos. Primero, el silicio puede sostener una cadena de no más de cien aminoácidos, una cadena que es demasiado corta para acomodar cualquier sistema o proceso concebible para la vida. Segundo, en todo el universo el boro es menos abundante que el carbono; así que el carbono siempre lo reemplaza. Tercero, el boro concentrado es tóxico para ciertas reacciones críticas para la vida.

La conclusión, publicada tan atrás como 1961, sigue en pie. El físico Robert Dicke dedujo en ese tiempo que si alguien quiere tener físicos (o cualquier otra forma de vida, en realidad), la bioquímica basada en el carbono es una condición necesaria.40 La palabra clave, aquí, es física. ¿Y qué de la vida que no es física?

La oportunidad espiritual

Tanto la ciencia como la Biblia ofrecen información útil sobre este tema de una realidad no física. La ciencia apunta a la existencia de un Creador trascendente (más allá del espacio y el tiempo) y personal, demostrablemente el mismo Creador que se revela en las páginas de la Biblia. La Biblia, a su vez, revela la existencia de formas de vida distintas de la vida terrestre, distintas de la vida física. Esta vida puede describirse como vida espiritual pero, sin embargo, posee al menos la capacidad de alguna expresión o manifestación física.

La Biblia llama a estas criaturas (en traducciones españolas) “ángeles”, “siervos ministradores” o “espíritus ministradores”. Aparecen tres nombres específicos en el texto: Miguel, Gabriel y Lucifer. Este último, también llamado Satanás, condujo una rebelión contra Dios. La Biblia se refiere a los ángeles que se rebelaron con él (aproximadamente la tercera parte) como “espíritus malos” o “demonios”. La única fuente confiable de información sobre este otro tipo de vida es la Biblia, y se recomienda fuertemente seguir estudiando el tema.

La posibilidad de vida en otra parte es, en realidad, grande; tan grande como la certeza de que la Biblia es una revelación verdadera, confiable y relevante del Creador. Toda pregunta que lleva a una oportunidad para hablar acerca de la palabra de Dios así como de la obra de Dios, el Creador, merece ser llamada una gran pregunta.

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Traducción: Alejandro Field ― Original: Exotic Life Sites: The Feasibility of Far-Out Habitats


¿Alienígenas de otro mundo? Cómo llegar aquí desde allá

Por Hugh Ross

Un desafío creciente al cristianismo, tanto dentro como fuera de las fronteras de Estados Unidos, surge de la obsesión popular con los OVNIs (Objetos Voladores No Identificados) y la VIE (Vida Inteligente Extraterrestre; en inglés, ETI – Extraterrestrial Intelligent Life). Un número cada vez mayor de sectas de OVNIs y VIE, –algunas abiertamente religiosas, otras con la pretensión de ser un esfuerzo puramente científico– predican su propio mensaje de salvación para la raza humana, un mensaje que contradice y apunta claramente al evangelio de Jesucristo. Estas sectas niegan la existencia de un Creador trascendente. Niegan que la salvación venga solo a través de la fe en la obra redentora de Jesucristo. En cambio, predican que la esperanza yace en recibir “orientación” de alienígenas extraterrestres avanzados, a través de un libro de soluciones para todos los problemas de la humanidad. Algunos lo llaman Urantia, y dicen que ya ha llegado; otros, lo llaman Enciclopedia Galáctica y esperan su llegada.

Al hablar apologistas cristianos (incluyendo los de Reasons to Believe) ante públicos universitarios y comunitarios de África, Australia, Canadá, Japón, Rusia, Ucrania y Estados Unidos, las preguntas sobre los OVNIs y la VIE se cuentan entre las más frecuentes. Estas preguntas tienen sentido a la luz de encuestas que indican que los avistamientos de OVNIs en todo el mundo exceden el millón por año.1

Los astrónomos son rápidos en confirmar que la vasta mayoría de los supuestos avistamientos de OVNIs pueden ser explicados por fenómenos naturales. Solo una pequeña fracción de OVNIs realmente carece de alguna explicación razonable de la naturaleza o de la actividad humana. Sin embargo, en el caso de prácticamente todos los avistamientos, la respuesta inmediata de los legos (y aun de algunos científicos) es que alienígenas superinteligentes que viajan en naves espaciales sofisticadas han arribado desde los lejanos confines del espacio. “Platos voladores” y “OVNIs” son términos sinónimos para la vasta mayoría de la población mundial. Hay clubes (y sectas) de platos voladores que se dedican exclusivamente a estudiar encuentros con OVNIs y a promover la afirmación de que el planeta Tierra ha sido y continúa siendo explorada por alienígenas.

¿Cuán realista es la noción de los viajes interestelares (entre sistemas planetarios) o intergalácticos (entre galaxias), aun si dejamos en suspenso por el momento preguntas acerca de la posibilidad de vida física inteligente más allá de la Tierra? Entre todos los libros disponibles sobre los fenómenos OVNI, pocos prestan atención a las propiedades del espacio y a los desafíos físicos de los viajes espaciales. Este tipo de desafíos ha sido acentuado por los esfuerzos humanos de las últimas décadas, incluyendo el Apolo 13 y los experimentos en la biosfera.

Problemas de distancia

En este tiempo de éxitos prácticamente rutinarios de la NASA (Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio) en el envío de naves espaciales a los planetas vecinos de la Tierra (sin mencionar las conocidas descripciones de viajes espaciales a través de la Vía Láctea y más allá en la televisión y el cine), la gente puede perder de vista fácilmente dos hechos: (1) las leyes y las constantes de la física fijan severos límites a cualquier viaje espacial significativo de seres físicos inteligentes; y (2) no hay capacidad tecnológica que pueda superar estos límites.

Un obstáculo a los viajes intergalácticos o aun entre sistemas planetarios surge de las enormes distancias que separan a las estrellas. La distancia, por supuesto, significa tiempo, y el tiempo significa exposición al riesgo. Cuanto mayor es el tiempo que un cuerpo vivo o mecánico pasa en el espacio, más peligros encuentra –peligros mortales.

La estrella más cercana está a 40 billones de kilómetros de distancia. Si usáramos un pomelo como modelo de nuestro sol, que tiene 1,6 millones de kilómetros de diámetro aproximadamente, la distancia a la estrella más cercana, en esta escala, sería la distancia entre Los Ángeles, Estados Unidos, y Managua, Nicaragua. Si una persona fuera a viajar a esa estrella en la nave espacial más rápida (hoy) de la NASA, ese viaje llevaría 112.000 años.

Sin embargo, las estrellas más cercanas no cumplen con los requisitos básicos para sostener la vida. Los seres sensibles requieren un hábitat similar a la Tierra, que orbita una estrella única, de edad intermedia, muy parecida al sol. La órbita de este planeta debe ser prácticamente circular, no demasiada excéntrica. El planeta debe estar protegido del bombardeo de asteroides por un planeta compañero muy grande (como Júpiter) pero no tiene que verse sacudido por la gravedad de ese planeta. Podríamos hacer una lista de mucho criterios más, pero estos son suficientes para establecer el punto.2 Ninguna estrella dentro de unos 50 años luz de distancia de la Tierra puede cumplir con estos requisitos. Las que tienen una masa similar al sol son demasiado jóvenes o demasiado viejas como para arder con la suficiente estabilidad.3 Tienen estrellas socias o enormes planetas cercanos que desestabilizarían la órbita de cualquier planeta similar a la Tierra, o carecen de grandes planetas protectores.4

Aun si seres inteligentes fueran a residir a unos meros 50 años luz de distancia, tendrían que recorrer una carrera de obstáculos a través de varios peligros galácticos para llegar al planeta Tierra, lo que alargaría considerablemente su viaje. Los viajeros tendrían que eludir la gravedad y la mortal radiación de estrellas neutrónicas, estrellas supergigantes, erupciones de novas y supernovas, y aun los restos de estas erupciones. Tendrían que evitar el gas, el polvo y los cometas que son tan densos en los brazos espirales, así como los alrededores de estrellas de nacimiento tardío (estrellas que se han formado durante los últimos 5.000 millones de años). Pero tendrían que mantenerse en el plano de la galaxia. Cualquier alejamiento del plano los expondría a la mortal radiación que emana del núcleo galáctico. Estas maniobras para eludir los peligros extenderían la distancia máxima a unos 75 años luz, estimativamente.

Sin embargo, descubrimientos recientes hacen que esa cifra mínima sea aun mayor. Basándose en la suposición de que cualquier nave interplanetaria seguramente mantendría comunicación con el planeta base (o con otros miembros del grupo viajero), un grupo de investigación de SETI (en inglés, Search for ETI, o búsqueda de VIE) buscó en cada una de las aproximadamente 202 estrellas similares al sol dentro de una distancia de 155 años luz de la Tierra. No se detectó una sola señal inteligible en ninguna parte en la vecindad de cada estrella.5 Este hallazgo significa una distancia mínima de viaje de los alienígenas de 155 años luz, sumada a las maniobras para evitar peligros, un total de aproximadamente 230 años luz (2.200 billones de kilómetros).

Problemas de velocidad

Como recordarán algunos lectores de sus clases de ciencia en la escuela secundaria, las leyes de física impiden que ningún pedazo de materia viaje más rápido que la velocidad de la luz. Sin embargo, surgen serias dificultades mucho antes de que un objeto alcance esa velocidad. A la velocidad de la luz, la energía requerida para mover una masa específica es infinita. Aun a la mitad de la velocidad de la luz, la energía necesaria para impulsar un objeto es varias millones de veces mayor que la que requiere la nave espacial más rápida de la NASA.

Sin embargo, el problema de la energía se agrava porque los propelentes y los motores involucran masa. Cuanto mayor es la velocidad de la nave espacial, requiere más propelente y motores más grandes. Por lo tanto, cuanto mayor es la velocidad buscada de la nave espacial, mayor (exponencialmente) es la masa de la nave.

Surge un problema de masa adicional de la necesidad de trasladar la carga útil de la nave espacial (el peso total de los pasajeros, la tripulación, los instrumentos, y las provisiones para sustentar la vida). La masa de una nave y de su sistema de propulsión crece geométricamente con relación a la masa de la carga útil.

La necesidad de velocidad plantea todavía un problema adicional. Cuanto más rápido viaja un objeto por el espacio, mayor es la probabilidad de que sufra daños de los desechos espaciales. Por ejemplo, los micrometeoritos hicieron perforaciones del tamaño de una moneda de un dólar de plata en los paneles solares del Telescopio Espacial Hubble (mientras el Hubble viajaba aproximadamente a 0,04% de la velocidad de la luz con relación a los meteoritos y aproximadamente 0,003% de la velocidad de la luz con relación a la Tierra). Si el telescopio hubiera estado moviéndose mil veces más rápido (con relación a los micrometeoritos), el daño hubiera sido un millón de veces peor (es decir, el daño aumenta con el cuadrado del aumento de la velocidad).

En términos de residuos espaciales, los micrometeoritos tal vez sean la menor de las preocupaciones de un viajero especial. Una gran nube de cometas, que se estima contiene 100.000 millones de cometas o más, rodea el sistema solar. Es probable que este tipo de nubes rodee cualquier estrella de nuestra galaxia que estuviera en condiciones de albergar planetas. Los astrónomos sospechan que las gigantescas nubes moleculares diseminadas por toda la Vía Láctea podrían contener cantidades aun mayores de cometas.

Para protegerse del daño de los residuos espaciales, una nave especial necesita algún tipo de armadura. Sin embargo, esta armadura significa más masa, que significa más propelente para mover la masa adicional. Más propelente significa más propelente para mover el propelente adicional. Por lo tanto, el problema se intensifica.

Si bien los residuos espaciales plantean un riesgo menor a velocidades menores, una menor velocidad significa también un mayor tiempo de viaje. La probabilidad de daño de los residuos espaciales crece en proporción a la cantidad de tiempo pasado en el espacio, y crece con el cuadrado de la velocidad. Por lo tanto, en términos de daños de los residuos, los viajeros espaciales enfrentan peligros mortales a cualquier velocidad, lenta o rápida. Y, sea lenta o rápida, una nave espacial sufrirá el desgaste de sus componentes.

La exposición a la radiación plantea una seria amenaza más. Cuanto más rápido viaja una nave a través del espacio, mayor el daño que sufre por la radiación. Las partículas asociadas con la radiación (por ejemplo, los protones, los neutrones, los electrones, y aun los fotones) causan la erosión de la “piel” y los componentes de la nave. De nuevo, la tasa de erosión crece con el cuadrado de la velocidad. Sin embargo, una velocidad menor significa más tiempo en el espacio, y ese tiempo adicional significa mayor exposición a la radiación para los alienígenas a bordo. (No importa cuán grueso sea cualquier escudo de seguridad práctico, alguna radiación se filtra inevitablemente.)

En forma muy conservadora, cualquier nave especial de tamaño razonable que transporta seres físicos inteligentes puede viajar a velocidades no mayores de uno por ciento de la velocidad de la luz, aproximadamente. A velocidades mayores, los riesgos de la radiación, los residuos espaciales, las filtraciones y el desgaste son simplemente demasiado grandes como para impedir la extinción de los viajeros espaciales antes que lleguen a su destino. Una nave espacial que viaja a uno por ciento de la velocidad de la luz (unos 11 millones de kilómetros por hora) necesitaría 7.500 años para recorrer 75 años luz, o 23.000 años para cubrir 230 años luz.

¿Escapatorias a través de pasadizos?

Hay aficionados sobre los temas de los OVNIs y la VIE muy imaginativos y con formación técnica que sugieren que alienígenas avanzados podrían haber encontrado una forma de usar pasadizos (en inglés, “wormholes”) del espacio-tiempo para viajar a lugares distantes del universo en un tiempo relativamente corto. Sin embargo, cuando examinamos esta idea más detenidamente, no ofrece absolutamente ninguna ayuda para resolver los problemas de la distancia y del tiempo.

La relatividad general dice que los objetos muy grandes distorsionan la curvatura del espacio y el tiempo en su vecindad. Cuanto mayor es la masa-densidad de un objeto, mayor el grado de curvatura del espacio-tiempo que produce en su vecindad inmediata. La relatividad general predice que, cuando la materia se vuelve lo suficientemente comprimida por su propia gravedad (como ocurre en un agujero negro), se desarrollará una región discreta del espacio-tiempo donde la curvatura se vuelve infinitamente aguda (Figura 1). Es decir, se desarrollará una singularidad (una región donde la densidad de masa de la curvatura del espacio se vuelve infinita) en el centro de la concentración de masa.

Si un agujero negro conectado a una membrana del espacio-tiempo del universo llega a hacer contacto con otro agujero negro conectado a otra membrana del espacio-tiempo, ese punto de contacto podría –hipotéticamente– ofrecer un pasadizo de viaje. Sin embargo, el punto de contacto debe ser entre singularidad y singularidad (Figura 2), de forma que un viajero que cae al centro de un agujero negro pueda entrar en contacto con el centro de otro agujero negro.

Si bien estos “pasadizos” que conectan un agujero negro con otro agujero negro son matemáticamente posibles, uno debe cuestionar el sentido físico práctico (sin mencionar la viabilidad) de su uso por viajeros alienígenas. De acuerdo con los modelos mejor establecidos para el universo, las regiones del espacio que podrían ser conectadas a través de pasadizos ya están cercanas entre sí. En otras palabras, el uso del pasadizo ofrecería pocas ventajas en cuanto al tiempo. Un modelo cósmico en que una membrana del espacio-tiempo de diez dimensiones se dobla para formar una U (Figura 3) ofrece la posibilidad de un atajo significativo a través del espacio, pero la investigación en curso todavía tiene que verificar la viabilidad de este tipo de modelo.

Consideraciones sociales

Con 7.500 años (como mínimo) para un viaje de ida de su hogar a la Tierra, los alienígenas espaciales indudablemente enfrentarían algunos abrumadores desafíos sociales. La longevidad en cualquier lugar dentro de los confines del universo debe ser finita, y no infinita, de acuerdo con las leyes de la física. Más aún, las longitudes de vida decrecen, inevitablemente, con la exposición a la radiación que implica un viaje espacial. Las complejidades de la bioquímica basada en el carbono (la única química posible para la vida física)6, 7 fijan el límite de vida en alrededor de mil años, aun si los alienígenas viajeros fueran a hibernar durante largos períodos.

Un viaje a través de más de 75 años luz abarcaría múltiples generaciones. Un viaje multigeneracional presenta otro conjunto de dificultades. Sea que los viajeros originales se hubieran ofrecido voluntariamente para la misión o no, sus descendientes recibirían la misión por herencia, y no por elección. Les guste o no, esta es su misión. Si los viajeros espaciales tuvieran algún parecido con los humanos, uno puede imaginarse fácilmente que la dedicación a las metas originales podría resultar difícil de mantener. Las prioridades cambiadas o confusas seguramente incrementarían la duración del viaje, entre otras dificultades. Hasta podrían llevar a abortar el viaje.

Una estrategia multigeneracional para un viaje espacial requiere una población base suficientemente grande y diversificada para los pasajeros iniciales. En caso contrario, los alienígenas podrían extinguirse antes que su nave llegue a su destino buscado. Y una población de cualquier tamaño, sea de 2 o de 2.000 personas, requiere diversos recursos y sistemas para su sostén. Como mínimo, estos recursos y sistemas deben incluir productos de alimentación y respiración y el reciclado de los desechos, y todo debe ser mantenido en los niveles suficientes como para minimizar el riesgo de un desastre ecológico.

Problemas de supervivencia

Un viaje de ida que lleva 7.500 años o más plantea serias dudas sobre la posibilidad de supervivencia de los alienígenas. El riesgo de extinción, teniendo en cuenta la población limitada y todas las contingencias de un viaje espacial, parece abrumador. Como ha descubierto la humanidad en los últimos cincuenta años, una civilización lo suficientemente avanzada como para lanzar un viaje por el espacio podría no sobrevivir el tiempo suficiente como para siquiera construir un transporte y hacerlo despegar. La alta tecnología tiene un precio muy elevado: una supervivencia reducida.

La alta tecnología y los altos niveles de vida resultantes implican que personas que llevan mutaciones deletéreas sobreviven generalmente lo suficiente como para reproducirse. La alta tecnología y los altos niveles de vida alientan fuertemente a los hombres y mujeres a demorar la reproducción. En un mundo de alta tecnología, una persona necesita más tiempo para ser educado y capacitado para la autosuficiencia, y aun más para hacer una contribución al progreso tecnológico en curso.

Una reproducción demorada, especialmente para los varones, produce mayores cantidades de mutaciones deletéreas.8 De acuerdo con un estudio de investigación, la población humana al final del siglo veinte sufrió una acumulación de mutaciones deletéreas que llegaron a tres personas por generación.9 Esta tasa acelera significativamente el movimiento de la humanidad hacia la extinción.

Por si fuera poco, la riqueza y la tecnología tienen una correlación inversa con la tasa de natalidad. En otras palabras, cuanto mayor es la riqueza de una sociedad y mayor su uso de la tecnología, menor cantidad de descendientes produce. Hoy ni una sola nación con un ingreso per capita que excede los 20.000 dólares tiene una tasa de natalidad suficiente como para impedir una extinción final. En Europa y Japón, por ejemplo, la tasa de natalidad es menos que el 75 por ciento de la que se necesita para mantener la población en un nivel constante.10

Para los viajeros espaciales, todos estos problemas se complican por los límites del tamaño de su grupo viajero. Mientras que 6.000 millones de personas que viven en un planeta grande pueden tolerar epidemias, desastres naturales, crisis ecológicas y guerras, unos pocos o unos pocos miles de individuos a bordo de una nave espacial o de un conjunto de naves espaciales probablemente serían eliminados por este tipo de catástrofes. La humanidad tiene la ventaja adicional de tener un hábitat grande con una amplia variedad de refugios donde uno puede encontrar un escape temporal de un problema o desastre dado.

Estos riesgos de extinción sugieren que, para estrellas y planetas distantes, es mucho más probable que la tecnología suficiente para los viajes espaciales condene el destino de una sociedad y no que lo cumpla. La inteligencia recomendaría a este tipo de alienígenas quedarse en casa o limitar sus esfuerzos de colonización a su propio sistema planetario.

Problemas tecnológicos

Obviamente, los problemas de daños por desechos espaciales, radiación, filtraciones, colapso ecológico y desgaste son mucho peores para seres físicos inteligentes a bordo de una nave espacial que para instrumentos mecánicos. Si recolectar (o entregar) conocimiento es la meta, los hombres tienen generalmente la ventaja sobre las máquinas de poder adaptarse mucho más rápidamente y exitosamente a las circunstancias cambiantes y a las contingencias inesperadas. Sin embargo, al aumentar la distancia del viaje, la ventaja cambia: cuanto mayor es la dificultad para transportar personas con relación a las máquinas, menos adaptables se vuelven las personas.

Aun para la exploración de nuestro propio sistema solar, las máquinas cuentan con una tremenda ventaja. Para visitar las lunas de Júpiter (a menos de 0,0001 años luz de distancia), se pueden mandar no menos de diez mil misiones con instrumentos por el costo de una misión tripulada. Si algo falla en un instrumento en una misión de este tipo, nadie muere (si bien alguien podría perder su trabajo). Si los instrumentos detectan algo para lo cual no estaban diseñados, otro conjunto de instrumentos puede ser diseñado y enviado. Si las circunstancias justifican una estadía más larga, puede lograrse con un pequeño rediseño o un aprovisionamiento adicional, en la mayoría de los casos. Unos pocos hombres en una misión de un mes seguramente aprenderán mucho menos acerca de un planeta o una luna que diez mil instrumentos espaciales operando a lo largo de varios años.

Este tipo de análisis no dejaría de ser útil para alienígenas mucho más avanzados que los humanos. Si los alienígenas existen en sistema planetarios distantes y tienen algún interés en el planeta Tierra, es mucho más probable que envíen máquinas que miembros de su propia especie.

Se requiere más investigación

Este breve análisis de la factibilidad de los viajes espaciales de larga distancia tal vez no dé cuenta de todos los factores significativos, y el tiempo dirá si sus cálculos o estimaciones son demasiado optimistas o demasiado pesimistas. Sin embargo, lo que demuestra es que un poco de tiempo en la biblioteca con una calculadora puede aportar algunas consideraciones realistas a preguntas acerca de los OVNIs y la VIE. El dinero de los contribuyentes se gastaría más sabiamente en esta investigación relativamente económica que en costosas búsquedas de señales o naves alienígenas.

Los programas diseñados para descubrir y explorar sistemáticamente las características de planetas distantes serían más útiles. Los astrónomos han determinado las masas y las órbitas de más de sesenta planetas fuera del sistema solar de la Tierra.11 Además, a la NASA se le ha prometido financiamiento para enviar un conjunto de telescopios al espacio que tendrá la capacidad, no solo de medir las masas y órbitas de planetas del tamaño de la Tierra que orbitan estrellas distantes, sino también para determinar las velocidades de rotación y la composición de sus atmósferas.12

Piense en el motivo

El interés apremiante en los OVNIs y la VIE parece estar arraigado en profundas inquietudes espirituales más que científicas. Los investigadores del origen de la vida ahora reconocen la virtual imposibilidad de ninguna explicación natural del origen de la vida en la Tierra, en Marte o en cualquier cuerpo del sistema solar, o en cualquier parte entre los cometas o las nubes interestelares.13 El descubrimiento adicional de que los microorganismos no podrían haber sido transportados a través del espacio interestelar (la presión de radiación de las estrellas los hubiera matado inevitablemente) sella el caso en la práctica.14

Las ironías parecen demasiado grandes como para ignorar. Una búsqueda obviamente espiritual justifica enormes gastos de investigación tanto con fondos del gobierno como privados. Mientras esa búsqueda se oponga a las doctrinas cristianas y no las apoye no surge ninguna protesta de quienes propugnan la separación de la iglesia y el estado. La mayor ironía es que la humanidad ya tiene en sus manos toda la información y las instrucciones necesarias para la mejor vida posible en este planeta, así como para la vida más allá. Esta “enciclopedia extracósmica” fue entregada a los humanos por el Espíritu de Dios y corroborada con evidencias tangibles. Para asegurarse de que los humanos la entendieran y la recibieran, el Creador mismo visitó personalmente este planeta dos milenios atrás, en forma humana, no alienígena. Él reveló –en sí mismo– la fuente de las respuestas a las mayores preguntas y desafíos de la vida.

Referencias:

  1. Jacques Vallee, Dimensions (New York: Ballantine, 1988), 230-31.
  2. Hugh Ross, The Creator and the Cosmos, 3d ed. (Colorado Springs: NavPress, 2001), 176-87.
  3. Catálogo de la NASA de las 2613 estrellas conocidas dentro de los 81 años luz de la Tierra. Dirección de sitio Web: http://nstars.arc.nasa.gov/
  4. Jean Schneider, Extra-solar Planets Catalog, un catálogo frecuentemente actualizado en el sitio Web http://www.obspm.fr/encycl/catalog.html
  5. Christopher F. Chyba, “Life Beyond Mars,” Nature 382 (1996), 577.
  6. Robert Dicke, “Dirac’s Cosmology and Mach’s Principle,” Nature 192 (1961), 440.
  7. Ross, Creator, 178.
  8. James F. Crow, “The Odds of Losing at Genetic Roulette,” Nature 397 (1999), 293-94.
  9. Adam Eyre-Walker and Peter D. Keightley, “High Genomic Deleterious Mutation Rates in Hominids,” Nature 397 (1999), 344-47.
  10. John W. Wright, ed. The New York Times 2000 Almanac (New York: Penguin Reference, 1999), 487.
  11. Schneider.
  12. Bijan Nemati, “The Search for Life on Other Planets,” Facts for Faith 4 (Q4 2000), 22-31.
  13. Fazale Rana and Hugh Ross, “Life from the Heavens? Not This Way . . .” Facts for Faith 1 (Q1 2000), 11-15.
  14. Paul Parsons, “Dusting Off Panspermia,” Nature 383(1996), 221-22.

 

Traducción: Alejandro Field ― Original: Aliens From Another World? Getting Here From There


¿Conducen a Dios todas las religiones?

Por Kenneth Richard Samples

Durante los días que siguieron a los catastróficos sucesos terroristas del 11 de septiembre de 2001, el presidente George W. Bush convocó a un día nacional de oración. Instó a las personas de todas las creencias a orar por Estados Unidos. Se televisaron servicios interreligiosos desde la Catedral Nacional en Washington, D.C. y del Yankee Stadium, en Nueva York. Estos servicios incluyeron a clérigos del judaísmo, el cristianismo, el islamismo, el budismo y el hinduismo. Ofrecieron oraciones al Dios que fue llamado colectivamente “el Dios de Abraham, el Dios de Mahoma y el Padre de Jesucristo”. La conocida personalidad de la televisión Oprah Winfrey condujo el servicio celebrado en la ciudad de Nueva York y declaró audazmente que todas las personas oran el mismo Dios.

¿Tiene razón Oprah? ¿Adoran los judíos, los cristianos, los musulmanes y los hindúes al mismo Dios? De ser así, las personas de todas estas creencias pueden vivir pacíficamente en este mundo, ¿no es así?

El pluralismo religioso es la creencia de que todas las religiones –ciertamente todas las religiones más importantes, o las religiones éticas– son caminos igualmente válidos para llegar a Dios o a la realidad última. Para el pluralista, hay muchos caminos religiosos que conducen a Dios y a la salvación. Y, sin embargo, dado el ambiente cultural actual de globalismo, multiculturalismo, relativismo (tanto en la verdad como en la moral), y especialmente el espíritu postmoderno, el clima creciente de pluralismo religioso plantea un serio desafío a la integridad de la fe cristiana.

El pluralismo religioso popular

Al ingresar al siglo XXI, Estados Unidos encarna una significativa diversidad étnica, racial, cultural y religiosa. Los habitantes urbanos y suburbanos provienen de todas partes del globo. Una persona puede tener un vecino del sudeste asiático o de Australia de un lado y del otro alguien originario de India, África, Europa o el Oriente Medio. Estados Unidos, como nación democrática, otorga un gran valor a los principios de la tolerancia, especialmente la tolerancia de la expresión religiosa. La Declaración de Derechos (Bill of Rights) garantiza a los ciudadanos estadounidenses el derecho al libre ejercicio de la religión.

Lamentablemente, algunas personas entienden que el concepto de tolerancia por igual de las expresiones religiosas significa que todas las religiones son igualmente verdaderas y son, por lo tanto, caminos igualmente válidos hacia Dios. De hecho, la democracia se ha aplicado a la verdad última.1 Este enfoque, en apariencia “políticamente correcto”, de la religión, si bien popular en esta cultura, representa un pensamiento profundamente intrincado. La aceptación del pluralismo social (la tolerancia de las diversas expresiones religiosas) no implica lógicamente la verdad del pluralismo metafísico (que todas las afirmaciones de verdad religiosa son igualmente válidas y simultáneamente verdaderas).

Consideraciones importantes

El concepto popular de que todas las religiones son verdaderas pasa por alto tres consideraciones imperativas. A fin de analizar y responder al tema del pluralismo religioso, es necesario reconocer y comprender cada uno de estos puntos.

1. Si bien las religiones del mundo ciertamente comparten algunas creencias comunes y especialmente valores morales, hay diferencias fundamentales e irreconciliables que las dividen claramente en muchos puntos crucialmente importantes, que incluyen la naturaleza de Dios, el origen y el centro de la